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Manaus (AFI: [mɐˈnaws] o [mɐˈnawʃ], en portugués) es la capital del estado de Amazonas, y uno de los principales centros financieros, corporativo y económico de la Región Norte de Brasil. Está localizada en el centro de la selva tropical más grande del mundo,[5] cerca de la confluencia del río Negro con el río Solimões.[6] Es un importante puerto en vías de desarrollo de la región e incluso pueden acceder a ella los transatlánticos. Manaus pertenece a la Mesorregión del Centro Amazonense y a la microrregión homónima. Es la ciudad más poblada de la Amazonía, con 2.094.391[7] habitantes y aproximadamente 2,5 millones de habitantes para su área metropolitana, de acuerdo con estimaciones del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística.[8] La ciudad aumentó gradualmente su participación en el producto interno bruto (PIB) en los últimos años, pasando a ser el 1,4% de la economía del país. En el ranking de la revista América Economía, Manaus aparece como una de las 20 ciudades más importantes para hacer negocios en América Latina, por delante de capitales de países latinos como San Salvador y La Paz.[9]
Originalmente fue fundada en 1669 por los portugueses como la fortaleza São José do Rio Negro;[10] fue elevada a villa en 1832 con el nombre de Manaus en homenaje a la nación de los indios manaós, siendo legalmente convertida en ciudad el 24 de octubre de 1848 con el nombre de Cidade da Barra do Rio Negro.
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La sal común o sal de mesa, conocida popularmente como sal, es un tipo de sal denominada cloruro sódico (o cloruro de sodio), cuya fórmula química es NaCl. Existen tres tipos de sal común, según su procedencia: la sal marina y la de manantial, que se obtienen por evaporación; la sal gema, que procede de la extracción minera de una roca mineral denominada halita, y la sal vegetal, que se obtiene por concentración, al hervir una planta gramínea (método también utilizado para la obtención de azúcar a partir de otra planta gramínea) que crece en el desierto de Kalahari.[1]
La sal proporciona a los alimentos uno de los sabores básicos, el salado,[2] que es posible percibir debido a que la lengua tiene receptores específicos para su detección. El consumo de la sal modifica el comportamiento frente a los alimentos, ya que es un generador del apetito y estimula su ingesta.[3][4]
Se emplea fundamentalmente en dos áreas: como condimento de algunos platos y como conservante en los salazones de carnes y pescado (incluso de algunas verduras), así como en la elaboración de ciertos encurtidos.[5]
Desde el siglo XIX, el uso industrial de la sal se ha diversificado e interviene en multitud de procesos, como por ejemplo en la industria del papel (hidróxido de sodio -NaOH-), la elaboración de cosméticos, la industria química, etcétera. En el siglo XXI, la producción mundial de sal total destinada a consumo humano no alcanza el 25 por ciento de la producción total.[6]
La sal es la única roca que es comestible para el ser humano, y es posiblemente el condimento más antiguo.